Joan M. Miró. Presidente del C.E. Les Panteres Grogues

 

Este partido también lo ganaremos

En estos últimos años hemos visto cómo en nuestro país se ha avanzado mucho en la equiparación legal de gays y lesbianas y próximamente lo veremos también en el caso de transexuales y transgénero. A nivel social, también hemos visto cómo algunas personas pertenecientes a sectores fuertemente conservadores (Iglesia, ejército,…), han anunciado su homosexualidad, pero a día de hoy aún quedan reductos donde la salida del armario se ve prácticamente imposible, y uno de ellos es el mundo del deporte.

Hasta el momento no se tiene conocimiento público de ningún deportista español de nivel que sea gay o lesbiana. Pero no pensemos que éste es un hecho que sólo pasa en nuestra casa, a nivel mundial las cifras también son muy escasas, y para poner un ejemplo, en los últimos Juegos Olímpicos de Atenas, de los 10.500 participantes, sólo había 10 abiertamente gays y lesbianas (6 hombres y 4 mujeres), pero ninguno perteneciente a los deportes de equipo tradicionales y con más impacto mediático como pueden ser el fútbol, el básquet, el balonmano o el voleibol. Este número es muy inferior al que supuestamente tendría que haber si consideramos los porcentajes de población homosexual respecto la población total.

Aún siendo una cuestión que afecta a la vida privada de los y las deportistas, y por lo tanto cada uno debe tener la libertad de decidir si quiere dar el paso y salir del armario, no podemos olvidar el elevado perfil que estos y estas deportistas tienen para el resto de la sociedad y cómo con este gesto, podrían colaborar sobremanera con todo el trabajo que hay que hacer para poder alcanzar la equiparación social de gays y lesbianas. Los deportistas están considerados como ídolos por parte de la sociedad y en especial por parte de los jóvenes. El hecho de que la sociedad pueda percibir un modelo positivo de la homosexualidad en la figura de un o una deportista de élite, sería una gran contribución a la equiparación social de gays y lesbianas y a la erradicación de la discriminación de todo tipo en el mundo del deporte.

El mundo del deporte es machista, y mucho, y por lo tanto también es homófobo, y mucho, aunque no se hable. Como no hay gays ni lesbianas abiertamente en el mundo del deporte, es como si no existiesen y, por lo tanto, no es causa de preocupación entre los estamentos federativos ni se hace ninguna acción para erradicarla del mundo deportivo, tal y como se hace con el racismo. Recientemente, la Liga de Fútbol Profesional, el Consejo Superior de Deportes y la Asociación de Futbolistas Españoles han firmado un protocolo para erradicar el racismo en los campos de fútbol. El racismo es un tipo de discriminación, basado tradicionalmente en el color oscuro de la piel de las personas discriminadas, pero no es muy diferente de la homofobia, excepto por el detalle de que el color de la piel es visible y la orientación sexual de las personas no lo es. ¿Por qué no se incluye la homofobia en estos protocolos? Simplemente porque no existe al no haber deportistas fuera del armario y, por lo tanto, la discriminación que sufrimos cuando en los campos de fútbol se insulta al árbitro llamándole “maricón”, no se tiene en cuenta al ser recibida por un colectivo indeterminado.

Ya hace tiempo que a nivel europeo hay una Asociación llamada FARE (Football Against Racism in Europe) que ha considerado la necesidad de incluir la homofobia entre las causas de discriminación contra las que se ha de luchar a todos los niveles en el mundo del fútbol y que a través del diálogo con la UEFA, la Federación Europea de Deportes para Gays y Lesbianas, y con asociaciones de seguidores, sobretodo en Alemania, ha conseguido poner sobre la mesa la cuestión de la homofobia en el fútbol. Entre las metas conseguidas por esta asociación está la concienciación de todos estos agentes deportivos de erradicar los gritos homófobos por parte de los seguidores de algunos clubs alemanes, la celebración de jornadas anuales para discutir y debatir sobre la homofobia, etc.

Las razones por las cuales los y las deportistas no hablan de su homosexualidad pueden ser diversas, y no divergen en general de las causas que afectan a todas las personas gays o lesbianas en su vida diaria en la familia o en el trabajo, pero en tanto que personajes más o menos públicos y específicamente en el campo del deporte nos encontramos con unas razones específicas como pueden ser el miedo de la reacción negativa de compañeros y compañeras de equipo, de los técnicos y entrenadores, de los mismos cuadros directivos de los clubs, de los seguidores y el público en general, y que esto afecte a sus intereses publicitarios y/o económicos, o finalmente que se quieran concentrar en sus prestaciones deportivas y por el impacto que puede tener un anuncio de este tipo, prefieren no anunciarlo hasta que se retiran de su vida profesional, tal y como han hecho algunos deportistas como Mark Tewksbury, nadador canadiense que ganó la medalla de oro de 100 metros espalda en los Juegos Olímpicos de Barcelona’92, que salió del armario en el año 1998 y que ahora es el Co-Presidente del Comité Organizador de los Outgames Montreal 2006, Juegos Deportivos para Gays y Lesbianas.

¿Alguno se puede imaginar el impacto que tendría que 100 deportistas gays y lesbianas anunciasen su homosexualidad? ¿O que lo hiciesen 20 futbolistas de la primera División española? Seguramente ocuparía las primeras páginas de la mayoría de los medios de comunicación y mostraría a la sociedad la diversidad de nuestro colectivo. De momento, deportistas gays y lesbianas aprovechamos grandes eventos deportivos como los Eurogames, los Gay Games o los nombrados Outgames para mostrar esta diversidad y para luchar contra la homofobia a través de la visibilidad de deportistas gays y lesbianas, aunque seamos amateurs, pero igual que hemos conseguido la equiparación legal, llegaremos a conseguir la equiparación social y también en el mundo del deporte. El tiempo nos dará la razón.



Joan M. Miró. Presidente del C.E. Les Panteres Grogues