No necesita entradilla ni presentación alguna, pero se merece la mejor y más rimbombante que pueda elucubrar. ¡Señoras y Señores! ¡Con ustedees… tachán, tachán… el Rey del Cutre-Lux, el pop-cañí y la trash-culture hispana! ¡Paco Claveeel!
Pues se me hace poco. Sí, toda presentación es poca para este personaje único, especial e irrepetible, para esta explosión de colores fluorescentes, de estampados estridentes, de talento omnipresente. Pareciera que todo ha de ser excesivo cuando nos referimos a Paco Clavel. Excesivo como lo es la imagen que nos transmite (no sólo a un nivel estético), pero luego, cuando tienes el placer de tratarlo, te encuentras una persona tranquila, segura, que irradia paz por los cuatro costados. Conozco a Paco hace siglos, y lo considero uno de mis mejores amigos. Trabajar o departir con él siempre supone un lujo, y una oportunidad segura de pasar un rato extraordinario. Pocas personas logran arrancarme la risa tanto como él, con su veloz ocurrencia y lo inteligente de sus chascarrillos.
En el párrafo anterior hablaba de “personaje”, pero Paco Clavel no es un personaje creado por un artista. No hay ningún disfraz de quita y pon. Paco existe, es real, es “así” las veinticuatro horas y es así desde hace mucho, mucho tiempo. No puedo imaginarme a nadie más auténtico que Paco y, por tanto, más digno de admiración. Paco Clavel se convirtió hace mucho en un personaje, sí, porque es una personalidad de nuestro showbiz patrio, pero la acepción hace referencia a persona ilustre, popular, no ha ficción interpretada, a puesta en escena ocasional. No hay máscara, el artificio voluntario, lucido y lúcido, justamente conforma al ser.
La mayoría lo conocimos a principios de los locos `80s, presentando sus discos como “Clavel y Jazmín”. Formaba parte de una elite muy concreta, dentro de lo fue La Movida, pues él reivindicaba el folclore español, el pop de los `60s, sin que esto fuera óbice para asumir todo tipo de influencias modernas, vanguardistas, extranjeras, demostrando un eclecticismo de infarto (vivió en el Londres de la eclosión punk). Esta miscelánea cultural es la que le ha caracterizado y convertido con el tiempo en un gran entendido en música, en un melómano irredento, insigne coleccionista de rarezas y conductor de impagables espacios radiofónicos donde nos regala esos hallazgos descubiertos en El Rastro o cualquier mercadillo o tienda perdida, tras miles de horas de escrupulosa búsqueda (¡tendríais que conocer su casa-museo de Pastrana!). Sus programas pasan a ser clases magistrales, y su voz inunda de buenas vibraciones las hondas hercianas, voz cuya belleza quizá sólo es superada por la de esos ojos que se empeña en esconder tras pintorescas gafas de pasta, que parecen formar parte de su propia fisonomía.
Catedrático del kitsch, pedagogo de la serie z, Paco, creativo e hiperactivo, inventa el Guarripop y da nombre a su inconfundible estilo: el Cutrelux. Sólo él posee la capacidad de convertir una chuminada de un “todo a cien” en una auténtica joya tipo “Tiffany´s”, o un modelito vintage en un modelazo de superdiseño. Sólo Paco Clavel consigue dotar de imponente elegancia un enchufe –como anillo- o una etiqueta plástica del precio de la mortadela –como broche para la solapa-. Cualquier objeto imposible y cotidiano logra fundirse con la más violenta mezcla de colores y tejidos, logrando con ello un estilo inconfundible, inimitable y terminantemente personal. Es el top-model del movimiento petarda y uno de los primeros referentes e iconos gays.
Comisario de bizarras exposiciones de arte alternativo, locutor que deleita presentando hits de segunda mano, cantante de ese lúdico cabaret-cañí, representante estético del glamour-kinki... La trash-culture española tiene nombre y apellido: Paco Clavel. |
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Cualquier objeto imposible y cotidiano logra fundirse con la más violenta mezcla de colores y tejidos, logrando con ello un estilo inconfundible, inimitable y terminantemente personal. Es el top-model del movimiento petarda y uno de los primeros referentes e iconos gays.
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