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MI MIRADA
por Didi Escobart ( Diosa )

LA GRANDE DAME NOIRE

 

Brenda Ottey es mucho más que mi hermana negra, es una artista de la cabeza a los pies... ¡y hay muchos centímetros entre una cosa y otra! Descubramos hoy a esta elegante superviviente del showbiz más bizarro.

Ella dice que nació en el legendario, amén de ficticio, Macondo, pueblo que García-Márquez describió en su novela Cien años de soledad. Con ello nos pone sobre aviso: cuidado, ¡lee libros! Es mucho más que una frívola cabaretera curtida en el descorche, una starlette de cabeza hueca y entrepierna llena. Ella es una rara avis, una neocupletista vivida y leída, una señora culta que no reniega del glamour, de la superficialidad bien entendida. Es un conato de mujer que consigue combinar snobismo y erudición, petardeo y sapiencia, jovialidad y madurez.

Por su experiencia, por la profundidad de su mirada, por lo inteligente de sus comentarios, parece haber estado ahí desde siempre, observándolo todo, viviéndolo todo, protagonizándolo todo. En cualquier caso me prohíbe terminantemente hacer referencias a fecha alguna. Ella dice que al fin y al cabo “todas somos del siglo pasado”. Razón no le falta, pero como ella también suscribe, ¡de su orla qué pocas van quedando!

Sin embargo mantiene un aspecto formidable, herencia de su mezcla oriental, india y africana, genética fantástica que ella mima con esmero. Y con yoga, con cremas, con dietas y, si se tercia, con algún pequeño tour al quirófano, aunque la susodicha lo niegue, retrotrayéndose a sus antepasados santeros, a la magia de una estirpe caribeña que les hace mantener por siempre jamás sus encantos, como un tótem de madera orgulloso e impertérrito, de esos que en una anterior reencarnación decoraban la entrada de su tienda de Gran Hechicera.

Brenda Ottey, de por sí alta, se sube a sus tacones y parece presidirlo todo, estar literalmente por encima de todo. Ella se jacta de medir lo mismo que Veruska (y de calzar el mismo pié...). También se vanagloria de haber ganado el título de Miss a Remedios La Bella. Y es que de cada cuatro cosas que dice, tres precisan ser investigadas en google, hasta ahí llega su omnisciencia (y la sensación de ser una “ignoranta” con la que te deja...). De cualquier manera, la mayoría de sus conocimientos forman parte de un pasado de culto, de los que se transmiten de boca en boca, de los que hacen referencia a personajes malditos, a lugares prohibidos, a vidas vertiginosas. Qué interesante, por tanto, departir con ella, ¡y charlamos tanto! Malyzzia incluso le ha propuesto transcribir sus memorias.

Cuenta que debutó con Jean Marie Riviere (director del Alcázar de Paris, el famoso Music-hall) como bailarina y actriz. Con el Sweet Sour Show trabajó por toda Francia, y en el Tea Dance del Palace de Paris destacó por sus exóticos performances. Con el Trío Transformer´s recorrió toda Italia, convertida en reina de la lentejuela. Asimismo estuvo de gira por medio mundo, recalando por un dilatado lapso de tiempo en Israel, debido al éxito de su compañía.

Asentada en España fue una de las estrellas del famoso Barcelona de Noche y del madrileño, e igualmente histórico, Gay Club. Entró a formar parte del elenco del Belle Epoque de Valencia, de quienes cuenta que copiaron todo a Jean Marie Riviere, a cuya escuela ella pertenecía. No obstante reconoce que él a su vez “se alimentó” de Pascal Chevalier, y Jean FranÇoise Casanova (escuela de Chez Nous) de El Carrusel de Paris, teniendo todos en común que trabajaron en ese Alcázar de Paris donde Brenda dio sus primeros pasos en un escenario, del cual decidió no bajarse nunca, así se muriera de hambre.

Admiradora de Pawlosky y de Lindsay Kemp, La Ottey fue a su vez musa de Jess Franco en People River y en Tundra en el Templo de Oro, como lo es también de Daniello, su modista de toda la vida, para quien ella es el maniquí perfecto, la elegancia personificada, ya sea desnuda o vestida, por poseer esos ademanes de gran dama negra.

En la actualidad ejerce de azafata anfitriona en el Berlín Cabaret de Madrid, donde siempre muestra una sonrisa pronta y tendrá mucho gusto en soltarte un borderío si lo estima oportuno. También cae de vez en cuando por el Déjate besar, y en el 69 Pétalos incluso podrás verla de go-gó (¡aún!). Su máxima aspiración -porque aún las tiene- es presentar un programa de sucesos. Pocos saben que estudió Criminología (¡sí, Diplomada Superior en Ciencias Criminológicas por la Universidad Complutense de Madrid!). Cómo imaginar que detrás de esa encorsetada pantera negra se encuentra una intelectual que devora libros con la misma gula que devora hombres. Ella lo dice siempre: “Hay que leer, nenas, aunque sea el Vogue”.

Engarzaré la última perla que me soltó Brenda en el broche final: “De todas las cosas guardadas, guarda tu corazón, porque de él brota la vida”. La adoro.

Su máxima aspiración -porque aún las tiene- es presentar un programa de sucesos. Pocos saben que estudió Criminología (¡sí, Diplomada Superior en Ciencias Criminológicas por la Universidad Complutense de Madrid!). Cómo imaginar que detrás de esa encorsetada pantera negra se encuentra una intelectual que devora libros con la misma gula que devora hombres. Ella lo dice siempre: “Hay que leer, nenas, aunque sea el Vogue”.